Sasha Montenegro rompe el silencio y revela cinco traiciones

A los 78 años, la mítica actriz Sasha Montenegro —símbolo de sensualidad, controversia y fortaleza en la época dorada del cine mexicano— ha decidido romper un silencio de décadas.
En una entrevista que ya se considera histórica, la exvedette reveló los nombres —o más bien las historias— de las cinco personas a las que jamás podrá perdonar.

Su voz, grave pero firme, resonó como un eco del pasado. El brillo en sus ojos era el mismo de los años setenta, pero ahora con la serenidad de quien ya no teme a nada ni a nadie.

“Durante años guardé silencio por respeto, por miedo o por amor. Hoy no debo explicaciones. A los 78 años, me pertenece mi verdad.”


La diva que nunca se rindió

Sasha Montenegro no solo fue un ícono del cine de ficheras, sino también una figura de poder y resistencia. Su vida, marcada por amores, escándalos y luchas, ha sido materia de titulares, pero nunca contada con tanta franqueza como ahora.

“Me han llamado de todo: provocadora, ambiciosa, incluso maldita. Pero nunca dijeron lo que realmente soy: una sobreviviente.”

Durante la entrevista, Sasha, sentada en un sillón de terciopelo rojo, habló sin maquillaje ni filtro. “No busco venganza. Solo quiero cerrar capítulos que me dolieron más de lo que imaginan.”


Las cinco traiciones

“Son cinco. Y no necesito dar apellidos. Ellos y ellas saben quiénes son.”

“El primero me robó la inocencia.”
“No hablo de amor, hablo de confianza. Tenía veinte años y creía que el mundo era bueno. Me enseñó que no lo era.”

“La segunda me clavó el puñal del desprecio.”
“Fue una mujer, una compañera. Sonreía frente a mí, pero me destruyó con rumores. Me hizo sentir que mi talento valía menos que mi cuerpo.”

“El tercero fue el gran amor de mi vida.”
Aquí hizo una pausa. “Lo amé más de lo que me amé a mí misma. Y ese fue mi error.”
Aunque no lo nombró, todos entendieron la referencia: su relación con el expresidente José López Portillo.

“El cuarto me quitó la voz.”
“Literal y simbólicamente. Un productor que decidió que ya no servía, que mi tiempo había terminado. Pero aquí estoy, hablando.”

“Y el último…”
Su mirada se endureció. “El último fue alguien de mi propia sangre. A esa herida no le pongo nombre, porque todavía duele.”


El peso de una vida pública

Sasha Montenegro fue una mujer que desafió las reglas de su tiempo. En los años 70 y 80, mientras muchas se escondían detrás de la moral impuesta, ella se mostraba sin miedo. “Yo no vendía pecado, vendía libertad,” declaró entre risas.

Sin embargo, ese atrevimiento tuvo un costo.

“Ser mujer, guapa e inteligente en un mundo de hombres era un pecado triple.”

Durante décadas fue etiquetada como “la amante del poder”. Pero Sasha aclara:

“No fui amante de nadie. Fui compañera, madre, y sobre todo, mujer. No me arrepiento del amor, me arrepiento de lo que el amor me quitó.”


La herida que nunca cerró

El capítulo más doloroso llegó cuando habló de los últimos años de José López Portillo.
“Viví a su lado en las buenas y en las malas. Cuando vino el desprecio público, me quedé sola. Me dejaron con la culpa de pecados que no cometí.”

Sus palabras fueron un golpe de realidad. “Nunca fui la villana. Pero necesitaban una para justificar el final de un imperio.”

Sasha confesó que la soledad la obligó a reinventarse. “Tuve que aprender a sobrevivir sin favores, sin fama, sin aplausos. Y lo logré. Esa fue mi venganza.”


Entre la rabia y el perdón

A pesar de lo crudo de sus declaraciones, Sasha Montenegro asegura que no guarda odio.

“No perdono porque no quiero olvidar. Olvidar sería negar quién soy.”

Cuando la periodista le preguntó si no teme despertar viejos fantasmas, su respuesta fue directa:

“A los 78 años, los fantasmas ya no asustan. Asusta más la mentira.”

La actriz dijo que estos cinco nombres representan más que personas; representan lecciones. “Cada traición me hizo más fuerte, cada caída me obligó a mirar hacia dentro.”


El eco del pasado

Las redes sociales explotaron tras la emisión de la entrevista.
El hashtag #SashaHabla se convirtió en tendencia mundial.
Algunos la aplaudieron por su valentía; otros la criticaron por “revivir viejas historias”.

Pero sus palabras fueron contundentes:

“No hablo por morbo, hablo por memoria. Si yo no cuento mi historia, otros lo harán por mí, y la contarán mal.”

En México, periodistas y celebridades reaccionaron. Una actriz contemporánea escribió: “Sasha nos abrió la puerta a todas. Fue la primera que se atrevió a ser libre.”


La soledad del mito

Sasha confesó que, aunque ha sido amada por millones, pocas veces se sintió verdaderamente acompañada.
“Todos querían a la estrella, no a la mujer. Pero ahora, por fin, puedo ser las dos.”

Dijo que encontró consuelo en la lectura, la pintura y sus nietos. “La fama se apaga, pero la dignidad no. Esa sigue conmigo.”

También habló de la vejez con ironía: “Dicen que envejecer es perder. Yo creo que es ganar silencio y perder tonterías.”


La frase que estremeció al público

Hacia el final de la entrevista, la periodista le preguntó si se arrepentía de algo. Sasha sonrió, levantó la mirada y respondió:

“Solo me arrepiento de haber pedido perdón cuando no debía.”

El estudio quedó en silencio. Esa frase, pronunciada con calma, se convirtió en titular inmediato.

“Perdonar está sobrevalorado,” añadió. “A veces no perdonas porque aún te duele. Y eso también es válido.”


Epílogo: la verdad según Sasha

Hoy, Sasha Montenegro vive lejos de los reflectores, pero su voz sigue resonando. No como escándalo, sino como testimonio.

“No quiero homenajes. Quiero respeto. Ya tuve suficiente espectáculo; ahora quiero verdad.”

A los 78 años, la mujer que desató pasiones, polémicas y titulares demuestra que la verdadera libertad no es olvidar, sino hablar sin miedo.

“Las cicatrices no me avergüenzan,” dijo para cerrar la entrevista.
“Son la prueba de que sobreviví a todos los que intentaron borrarme.”

Y con esa frase, Sasha Montenegro —la diva, la madre, la mujer— dejó claro que el perdón no siempre es un acto de bondad… a veces, es una forma de decir “ya no me deben nada”.