Sammy Pérez y Galilea Montijo: la historia detrás de una amistad llena de ternura, malentendidos y un final que aún hace llorar a quienes lo admiraron.
Durante años, Sammy Pérez fue sinónimo de alegría. Su manera ingenua de hablar, su risa espontánea y su autenticidad lo convirtieron en uno de los personajes más queridos de la televisión mexicana. Pero detrás del humor y la fama, se escondía una historia sensible: un corazón noble, una amistad profunda con Galilea Montijo y un final que conmovió a todo México.

El comediante que no conocía la malicia
Sammy Pérez nació en Puebla en 1965. Desde pequeño mostró un sentido del humor natural, casi involuntario, que lo hacía destacar entre sus vecinos. Sin formación actoral ni estudios en televisión, su destino cambió cuando fue descubierto por el productor Eugenio Derbez, quien vio en él algo único: una mezcla de inocencia y carisma imposible de fingir.
Su participación en el programa Derbez en cuando lo catapultó al estrellato. El público lo adoraba por su torpeza simpática, sus ocurrencias impredecibles y su sonrisa siempre genuina. No tardó en convertirse en uno de los rostros más queridos del humor mexicano.
Pero lo que pocos sabían era que Sammy no era un personaje, era él mismo. Detrás de cámara, hablaba y actuaba igual: sin doble intención, sin malicia, con un corazón tan transparente que a veces le jugaba en contra.
El encuentro con Galilea Montijo
A finales de los años 90, Sammy fue invitado a participar en el programa Hoy, donde conoció a Galilea Montijo, una de las presentadoras más carismáticas y populares del país.
Desde el primer día, su interacción generó ternura. Galilea se mostraba divertida con las respuestas ingenuas de Sammy, y él, completamente encantado con su amabilidad, comenzó a admirarla con devoción.
En cámara, su relación era puro encanto: ella lo abrazaba, se reía con él, lo defendía de las bromas de otros conductores.
El público amaba esa dinámica. Pero fuera del set, Sammy comenzó a sentir algo más que admiración.
En una entrevista de archivo, confesó:
“Galilea es muy buena conmigo. Es linda… y yo la quiero mucho.”
Sus palabras, simples pero sinceras, mostraban la pureza con la que él entendía el cariño.
Una amistad malinterpretada
Lo que para Galilea era una amistad genuina, para Sammy parecía un sentimiento más profundo.
Ella lo trataba con afecto, le regalaba sonrisas, lo llamaba “mi Sammy lindo” frente a las cámaras. Y él, sin entender del todo la frontera entre la amistad y el amor, comenzó a creer que ese lazo podía ser algo más.
En uno de los programas, un compañero le preguntó en tono de broma:
“¿Sammy, te gusta Galilea?”
Y él, sin dudarlo, respondió con una sonrisa:
“Sí, mucho… es mi novia.”
El público rió, los conductores también. Pero detrás de esa risa, había una historia de ternura y vulnerabilidad.
Con el tiempo, los medios empezaron a hablar de “la relación más inocente de la televisión mexicana”.
Aunque nunca hubo romance real, su vínculo dejó una huella emocional tanto en él como en el público.
El cariño de Galilea
Galilea siempre trató a Sammy con respeto y ternura. En entrevistas posteriores, explicó que para ella, él era “como un hermanito del alma”.
“Sammy era pura luz. No había maldad en él. Te hacía reír sin querer, y te recordaba lo bonito que es ser auténtico”, dijo la conductora años después.
Cuando Sammy fue invitado a Hoy por última vez, Galilea lo recibió con un abrazo largo. Le dijo:
“Gracias por recordarnos que la risa más bonita es la que nace del corazón.”
El estudio entero aplaudió. Sammy, emocionado, solo alcanzó a decir:
“Yo quiero mucho a todos.”
La caída y la soledad
Después de sus años de fama, la vida de Sammy tomó un rumbo incierto.
Los proyectos disminuyeron, la televisión cambió, y el comediante fue quedando en el olvido.
Vivía modestamente en Puebla, atendido por familiares y amigos cercanos.
A pesar de los altibajos, seguía manteniendo su humor intacto. En los eventos locales donde lo invitaban, se le veía alegre, siempre dispuesto a firmar autógrafos o contar anécdotas.
Pero el paso del tiempo fue duro con él. Sin contratos fijos ni atención médica constante, su salud empezó a deteriorarse.
La noticia que México no quiso escuchar
En julio de 2021, se dio a conocer que Sammy Pérez había sido hospitalizado por complicaciones respiratorias severas.
La noticia recorrió el país en cuestión de horas. Los fans, los medios y las celebridades comenzaron a enviar mensajes de apoyo.
Entre ellos, Galilea Montijo, quien escribió en redes sociales:
“Mi querido Sammy, toda mi energía contigo. Eres fuerte, puro corazón.”
A pesar de los esfuerzos médicos, Sammy Pérez falleció a los 55 años, dejando al país entero con un nudo en la garganta.
Las lágrimas de Galilea
Cuando Galilea se enteró de la noticia, no pudo evitar las lágrimas en el programa Hoy.
Con la voz entrecortada, dijo en vivo:
“Sammy fue una persona maravillosa. Nos enseñó que la risa puede sanar, pero que el corazón de la gente buena no siempre tiene quien lo cuide.”
Su homenaje fue sencillo, pero sincero. Mostraron un video con los mejores momentos de Sammy en televisión: su torpeza adorable, su risa contagiosa, sus frases sin filtro.
Al final del segmento, Galilea miró a la cámara y agregó:
“Donde quiera que estés, Sammy, gracias por tanto. Te vamos a recordar con una sonrisa, como a ti te gustaba.”
El legado del hombre que nunca dejó de reír
Sammy Pérez no fue un comediante técnico ni un actor de método. Fue algo más puro: la representación viva de la inocencia.
Su humor surgía de la espontaneidad, de la confusión, del asombro que solo alguien con un alma genuina puede tener.
Para muchos, su relación con Galilea Montijo fue más que una anécdota televisiva; fue una muestra de ternura en un mundo lleno de cinismo.
Ella representaba el cariño sincero, y él, la admiración sin pretensiones.
Juntos, sin proponérselo, crearon un momento eterno en la historia de la televisión mexicana: el de la risa que no humilla, sino que une.
El adiós de un alma noble
Hoy, a años de su partida, el nombre de Sammy Pérez sigue generando cariño. En redes sociales, los fans comparten sus clips, sus entrevistas, y frases que se volvieron parte de la cultura popular.
Y entre esos recuerdos, una imagen destaca:
Sammy sonriendo junto a Galilea, ambos riendo como niños.
Esa fotografía —tan simple y tan poderosa— resume su historia: dos almas distintas unidas por algo más grande que la fama o la televisión: la bondad.
“Sammy nos enseñó que no hay que ser perfecto para ser querido.
Solo hay que ser auténtico.” — Galilea Montijo.
Y quizá por eso, aunque ya no esté entre nosotros, su risa sigue viva…
como un eco que nunca se apaga.
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