“A los 90 años, Erick del Castillo se despide con lágrimas y emoción”

El legendario actor Erick del Castillo, con más de siete décadas dedicadas al cine, la televisión y el teatro mexicano, rompió en llanto al despedirse del público que lo acompañó durante toda una vida artística.

A sus 90 años, el patriarca de una de las familias más queridas del espectáculo mexicano, decidió decir adiós a los escenarios, dejando tras de sí una carrera que marcó generaciones y un legado imposible de borrar.


Una despedida inesperada

El anuncio tomó por sorpresa a sus seguidores.
Durante la presentación de una obra teatral en la Ciudad de México, el actor subió al escenario al finalizar la función, visiblemente emocionado.
Con voz entrecortada, dijo:

“Este podría ser mi último aplauso. He sentido que ya di todo lo que tenía que dar. Hoy quiero despedirme de ustedes con el corazón en la mano.”

El público, de pie, lo ovacionó por varios minutos.
Algunos lloraban, otros grababan el momento con sus teléfonos.
El teatro entero temblaba de emoción.

Erick, con lágrimas en los ojos, levantó la vista y agregó:

“No me voy triste. Me voy agradecido. Ustedes fueron mi inspiración cada día.”


Una vida frente a las cámaras

Nacido en León, Guanajuato, Erick del Castillo se convirtió en uno de los actores más respetados de la televisión mexicana.
Con más de 150 telenovelas, decenas de películas y una larga lista de reconocimientos, su trayectoria es un testimonio de amor por el arte.

Comenzó en los años cincuenta, cuando el cine mexicano vivía una de sus épocas doradas.
Trabajó junto a leyendas como María Félix, Pedro Armendáriz y Dolores del Río.
Y aunque muchos lo recuerdan como el “galán de mirada firme y voz profunda”, él siempre se definió de otra forma:

“Solo soy un hombre que ama contar historias.”

Con los años, su rostro se volvió familiar para millones.
Interpretó héroes, villanos, padres nobles y hombres atormentados.
Pero fuera de cámaras, su papel más importante fue el de padre y esposo.


El pilar de su familia

Casado durante más de cinco décadas con Kate Trillo, Erick del Castillo formó una familia sólida y llena de amor.
De esa unión nacieron sus hijas Verónica y Kate, ambas dedicadas al mundo del espectáculo.

“Mi esposa es mi roca, y mis hijas, mi orgullo,” dijo en más de una ocasión.

Durante su discurso de despedida, tuvo palabras especialmente conmovedoras para ellas:

“Gracias a mi familia, que me acompañó en cada paso.
A mis hijas, que heredaron el amor por este oficio.
Y a mi esposa, que soportó mis ausencias y mis pasiones artísticas con una paciencia infinita.”

En las primeras filas del teatro, Kate del Castillo —su hija menor y estrella internacional— lloraba discretamente mientras aplaudía.


La salud y el tiempo

Durante los últimos años, Erick había reducido sus apariciones públicas debido a problemas de salud.
Sin embargo, nunca perdió su fuerza ni su sentido del humor.
En una entrevista reciente, confesó que el paso del tiempo comenzó a pesarle.

“El cuerpo ya no responde igual, pero el corazón sigue lleno de sueños.”

A pesar de eso, nunca dejó de prepararse.
Seguía leyendo guiones, ensayando parlamentos y repasando textos clásicos.
“Cuando uno es actor de verdad, actúa aunque no haya cámaras,” decía con una sonrisa.

Pero fue durante los últimos meses, tras una operación complicada, que el actor comenzó a considerar el retiro definitivo.

“Me miré al espejo y me dije: ‘Erick, es momento de descansar con dignidad’.”


El mensaje a sus fans

En su emotivo discurso, el actor también dedicó unas palabras al público que lo siguió por generaciones:

“Ustedes me vieron crecer, envejecer, tropezar y levantarme.
Me acompañaron en los buenos tiempos y en los difíciles.
Si algo aprendí, es que el amor del público vale más que cualquier premio.”

Miles de fanáticos inundaron las redes sociales con mensajes de apoyo y agradecimiento.
En Twitter, las etiquetas #GraciasErickDelCastillo y #LeyendaViva se volvieron tendencia en cuestión de horas.

Un usuario escribió:

“Se va un caballero de la actuación. Gracias por tanto.”
Otro comentó:
“Erick del Castillo no se retira, se inmortaliza.”


Los recuerdos más entrañables

Entre las decenas de papeles memorables que interpretó, el actor destacó algunos que marcaron su vida.
Recordó su participación en Los Ricos También Lloran (1979), La Mentira (1998) y Cañaveral de Pasiones (1996).

“Cada personaje me dejó una lección.
De cada historia me llevé un pedazo de alma.”

También habló de sus primeros años, cuando actuaba en pequeños teatros y dormía en camerinos improvisados.
“Lo hice todo por amor al arte. Nunca me importó la fama. Lo único que quería era trabajar.”

Sus palabras, simples pero honestas, conmovieron incluso a los técnicos que llevaban décadas acompañándolo.


La herencia artística

Para muchos jóvenes actores, Erick del Castillo es sinónimo de disciplina, pasión y respeto.
Siempre fue conocido por llegar temprano a los llamados, aprenderse los guiones al pie de la letra y tratar con cortesía a todos en el set.

“Era una escuela en sí mismo,” dijo un productor que trabajó con él.
“Podía dar una escena de lágrimas y, segundos después, bromear con el camarógrafo. Su energía era única.”

Hoy, su legado no solo vive en su extensa filmografía, sino también en la memoria colectiva de millones de espectadores.


La última ovación

Cuando el público comenzó a corear su nombre, Erick no pudo contener el llanto.
Sus manos temblaban mientras hacía una reverencia final.

“El telón cae —dijo—, pero mi corazón se queda con ustedes.”

El aplauso duró casi diez minutos.
Los actores del elenco lo rodearon, el público lloraba y él, con una mezcla de tristeza y gratitud, levantó el puño al cielo.

Era el adiós de una leyenda.


Epílogo

Horas después, en un mensaje grabado desde su casa, el actor envió una última reflexión:

“La vida me regaló más de lo que pedí.
No me despido con tristeza, sino con esperanza.
El arte no muere, solo cambia de escenario.”

Y así, entre lágrimas y aplausos, Erick del Castillo cerró un capítulo glorioso de la historia del entretenimiento mexicano, dejando un legado de talento, humildad y amor eterno por su público.