Sin nombres propios ni polémica fácil: Antonio Vodanovic habla a los 76 años de las cinco actitudes artísticas que más rechazó en su carrera y explica por qué marcaron su visión del espectáculo

A los 76 años, Antonio Vodanovic decidió poner palabras a algo que durante décadas fue apenas un murmullo entre bambalinas: no todos los artistas encajaron con su manera de entender la música y el espectáculo. Lejos de listas explícitas o ataques personales, el histórico animador optó por una reflexión serena sobre actitudes, estilos y formas de ejercer el oficio que nunca logró aceptar del todo.

La frase que encendió la curiosidad fue malinterpretada por algunos titulares: no habló de “odios”, sino de rechazos profesionales. Y la diferencia importa.

El hombre de la cortesía inquebrantable

Durante más de cuatro décadas, Antonio Vodanovic fue sinónimo de elegancia, mesura y respeto en el escenario más exigente del país. Su rol como anfitrión lo obligó a mantener una neutralidad férrea, incluso en contextos de tensión, competencia feroz y egos desbordados.

Por eso, escuchar hoy una mirada crítica resulta tan llamativo: no porque rompa su estilo, sino porque lo completa.

No son nombres, son conductas

Vodanovic fue claro en un punto esencial: no se trata de personas, sino de comportamientos que, en su experiencia, dañan el arte, el público o el oficio. Al hablar de “cinco”, no enumeró individuos, sino cinco actitudes recurrentes que observó a lo largo de los años y que nunca logró validar.

Esa precisión es clave para entender el sentido de su reflexión.

Primera actitud: el desprecio por el público

Para Vodanovic, nada es más grave que subestimar a la audiencia. Señaló que hubo artistas que trataron al público como un trámite, no como el centro del espectáculo.

En su visión, la música existe por y para quienes escuchan. Cualquier actitud que rompa ese pacto básico es incompatible con el respeto artístico.

Segunda actitud: el protagonismo sin sustento

Otra conducta que nunca aceptó fue buscar protagonismo a toda costa, incluso cuando la propuesta artística no lo respaldaba. Para él, el escenario no es un lugar para compensar carencias personales, sino para ofrecer contenido real.

El ruido sin fondo, decía, puede llamar la atención por un momento, pero no construye legado.

Tercera actitud: la falta de preparación

Vodanovic siempre defendió la disciplina. Ensayar, respetar horarios, conocer el contexto y prepararse fueron, para él, mínimos irrenunciables.

La improvisación sin oficio —aclaró— no es creatividad, es desconsideración.

Cuarta actitud: el desdén por los equipos

Una de sus críticas más sentidas apunta a quienes olvidan que el espectáculo es un trabajo colectivo. Técnicos, músicos, productores y trabajadores anónimos sostienen el evento tanto como la figura visible.

Cuando un artista ignora o menosprecia a su equipo, el daño trasciende lo personal y afecta al conjunto.

Quinta actitud: confundir fama con autoridad

Finalmente, Vodanovic cuestionó a quienes usan la fama como herramienta de imposición, confundiendo visibilidad con razón. En su experiencia, la autoridad verdadera nace del conocimiento, la trayectoria y la coherencia, no del volumen mediático.

Este punto, quizás el más delicado, resume su ética profesional.

Por qué hablar ahora

La pregunta surge sola: ¿por qué decirlo a los 76 años?

La respuesta es sencilla. Porque ya no necesita sostener equilibrios artificiales ni responder a coyunturas inmediatas. Hablar ahora no busca polémica, sino dejar una reflexión para quienes vienen.

No es ajuste de cuentas; es memoria profesional.

Reacciones y lecturas

La reacción fue diversa. Algunos buscaron nombres. Otros entendieron el mensaje de fondo. La mayoría coincidió en que la reflexión no acusa, sino que invita a pensar en cómo se ejerce el arte en tiempos de exposición permanente.

El propio Vodanovic evitó aclaraciones posteriores: su intención no era alimentar titulares, sino abrir una conversación.

El legado de una mirada exigente

Lejos de dañar su imagen, esta postura refuerza su legado. Muestra a un profesional que siempre creyó que el espectáculo puede ser exigente sin ser hostil, crítico sin ser destructivo.

La cortesía, para él, nunca fue silencio cómplice.

Una lección para nuevas generaciones

En una industria donde la velocidad y la visibilidad parecen mandarlo todo, la reflexión de Vodanovic funciona como recordatorio: la forma importa tanto como el fondo.

No todo vale. No todo se justifica por el aplauso inmediato.

Conclusión

A los 76 años, Antonio Vodanovic no nombró a “cinco cantantes que odia”.
Nombró cinco actitudes que nunca aceptó.

Y en esa diferencia está la verdadera revelación:
que se puede ser firme sin ser agresivo,
crítico sin ser injusto,
y honesto sin perder elegancia.

Quizá esa sea, una vez más, su lección más duradera.