“A los 88 años, Jorge Rivero rompe el silencio y revela los seis famosos que más odia: traiciones, celos y rivalidades que marcaron la época dorada del cine mexicano. El galán de los años setenta confiesa lo que nunca se atrevió a decir: los engaños, las humillaciones y los nombres que lo hicieron perder la fe en la fama. Una verdad que estremece a toda una generación.”

Durante más de medio siglo, Jorge Rivero fue sinónimo de fuerza, elegancia y magnetismo.
El galán por excelencia del cine mexicano, el hombre que compartió pantalla con las estrellas más grandes de América Latina y Hollywood.
Pero detrás de esa sonrisa perfecta y esa imagen impecable, existía un hombre silencioso, observador… y profundamente herido por las traiciones del medio que lo hizo famoso.

A sus 88 años, Rivero ha decidido hablar.
Y lo hizo sin rencor, pero con una lucidez que desarma:

“He trabajado con ángeles y con demonios. Y a veces, los demonios tenían mejor maquillaje.”

Por primera vez, reveló los seis nombres de figuras que marcaron su carrera con dolor, decepción y traición.


🌹 1. Mario Almada: “El compañero que se volvió mi juez”

El primer nombre fue Mario Almada, leyenda del cine de acción mexicano.
“Mario era un hombre recio, fuerte, respetado. Pero también muy orgulloso. Durante años filmamos en los mismos estudios, y aunque jamás me faltó al respeto, su trato fue siempre distante.”

Rivero recuerda un episodio en los años ochenta:
“En un rodaje, le ofrecieron un papel que inicialmente era mío. Él lo aceptó sin dudar. Cuando lo vi, solo dijo: ‘Así es este negocio, chavo.’

Años después se reconciliaron, pero la herida nunca sanó.

“Aprendí que en el cine, la amistad dura lo mismo que la última escena.”


🎭 2. Andrés García: “El reflejo incómodo”

El segundo nombre fue Andrés García, su eterno rival en popularidad y físico.
“Nos comparaban todo el tiempo. Decían que éramos los dos galanes más deseados de México, pero también los más competitivos.”

Rivero confiesa que hubo celos mutuos.
“Yo admiraba su carisma, pero él nunca soportó mi serenidad. En un programa de televisión, dijo que yo era ‘una estatua que actúa’. Me reí, pero por dentro me dolió.”

Años después, cuando García enfermó, Rivero lo llamó.
“No me contestó. Pero lo entiendo. Algunos preferimos quedarnos con la imagen del rival, no del amigo.”


🌺 3. Sasha Montenegro: “La belleza que me traicionó”

El tercer nombre fue Sasha Montenegro, con quien protagonizó varias películas en los setenta.
“Era bellísima y talentosa, pero el ego puede convertir la admiración en conflicto.”

Durante el rodaje de El tigre de Santa Julia, Rivero cuenta que Sasha exigió aparecer primero en los créditos, aunque él era el protagonista.
“Discutimos. Le dije que no importaba el orden, sino el trabajo. Ella respondió: ‘En el cine importa quién brilla, no quién actúa.’

Desde entonces, no volvieron a hablar.

“Era una mujer impresionante, pero su ambición podía helar un set completo.”


🌙 4. Silvia Pinal: “La diva que me subestimó”

El cuarto nombre sorprendió: Silvia Pinal, ícono indiscutible del cine mexicano.
Rivero la conoció en una cena organizada por Televisa a mediados de los setenta.
“Yo era nuevo en el círculo dorado, y ella ya era una institución. Cuando me presentaron, me miró y dijo: ‘Ah, el muchacho de los músculos.’

Años después coincidieron en una obra de teatro.
“Intenté ganarme su respeto, pero ella me veía como un actor menor, uno de acción, no de arte. Me subestimó, y eso me dolió profundamente.”

“Nunca lo tomé como odio, sino como una lección: hay quienes prefieren verte guapo antes que verte crecer.”


🔥 5. Luis Miguel: “El ídolo que no soportó mi sombra”

El quinto nombre fue Luis Miguel.
Rivero participó en una producción cinematográfica a finales de los ochenta donde ambos coincidieron brevemente.
“Él era joven, brillante, y estaba en la cima del mundo. Pero el respeto no era su fuerte.”

Cuenta que durante una grabación, el cantante llegó con retraso y se negó a saludar al elenco.
“Cuando le extendí la mano, me miró y siguió de largo. Era arrogancia pura. Y lo peor: todos lo celebraban.”

Con el tiempo, Rivero comprendió que la fama también destruye la empatía.

“Luis Miguel tenía luz, sí, pero también una sombra tan grande que se tragaba a todos los que estaban cerca.”


🌾 6. Un director de Hollywood: “El hombre que me humilló”

El último nombre no pertenece a México, sino a Hollywood.
Rivero, quien trabajó en producciones internacionales como Soldier Blue y Day of the Assassin, reveló una experiencia amarga con un famoso director estadounidense (prefirió no decir su nombre).

“Me dijo que los actores latinos solo servíamos para papeles secundarios. Me humilló frente al elenco. Tenía 40 años, éxito en México, y aun así me trató como un extra.”

Años después, el mismo director intentó contactarlo para otro proyecto.
“Le dije que no. Le devolví su desprecio con silencio.”

“Esa experiencia me enseñó que la dignidad vale más que cualquier contrato.”


🌹 El precio de la fama

A lo largo de la entrevista, Jorge Rivero no muestra rencor, sino madurez.
“Fui testigo de la vanidad, la traición y la soberbia. Pero también del arte, la entrega y la pasión. Este medio me dio todo… y me quitó mucho.”

Su fama, dice, fue una bendición y una carga.

“Ser galán no es un privilegio eterno, es una prueba constante. Un día te aman, al siguiente te olvidan.”

Rivero confiesa que el mayor enemigo de los artistas no son los demás, sino el tiempo.
“Cuando la juventud se va, te das cuenta de quién te aplaudía por amor y quién por moda.”


🎥 El hombre detrás del mito

Hoy, desde su casa en Los Ángeles, Jorge Rivero lleva una vida tranquila, alejada de los reflectores.
Se levanta temprano, camina, lee y ve sus películas con distancia.
“Ya no me busco en ellas. Busco al hombre que fui.”

Su cuerpo sigue firme, su mente aguda. Pero su mirada es más profunda que nunca.
“Ya no tengo odio, solo memoria. Porque el odio enferma, pero la verdad libera.”


🌻 Epílogo: la última lección del galán

Antes de despedirse, Jorge Rivero pronuncia una frase que parece el cierre perfecto de su historia:

“No odio a nadie. Pero tampoco finjo cariño. A esta edad, la honestidad es el único lujo que me queda.”

Y sonríe, con la elegancia del hombre que lo tuvo todo y aprendió a soltarlo.

Jorge Rivero, el galán eterno, ya no necesita cámaras ni aplausos.
Su legado no está solo en sus películas, sino en su verdad:
la de un hombre que sobrevivió al brillo, a los egos y a sí mismo.

Porque incluso en el silencio, su voz sigue siendo parte de la historia del cine mexicano.