A los 79 años, Doña Cuquita revela los nombres que jamás perdonará

Han pasado más de tres años desde la muerte de Vicente Fernández, el ídolo más grande de la música ranchera mexicana. Pero su viuda, María del Refugio Abarca Villaseñor, mejor conocida como Doña Cuquita, sigue siendo una figura de respeto, fuerza y devoción. A sus 79 años, la matriarca del clan Fernández ha decidido hablar, y lo que reveló dejó al público sorprendido: cinco personas a las que, según ella, nunca podrá perdonar.

Sus palabras, duras y directas, no solo destapan viejas heridas familiares, sino también los secretos más profundos del imperio Fernández.


La mujer detrás del ídolo

Durante más de seis décadas, Doña Cuquita fue la sombra fiel del “Charro de Huentitán”. Juntos construyeron una familia poderosa, un legado artístico inmortal y una historia de amor que parecía sacada de una película.

Sin embargo, tras la muerte de Vicente en diciembre de 2021, el silencio de Doña Cuquita empezó a levantar sospechas. Muchos se preguntaban qué pensaba realmente, cómo enfrentaba las disputas familiares y los rumores que envolvían el nombre del cantante.

Ahora, por fin, ella ha hablado. Y lo ha hecho con la serenidad de quien ha vivido mucho… pero con la firmeza de quien ya no tiene miedo de decir la verdad.


“He perdonado mucho, pero no todo”

En una entrevista reciente desde el rancho Los Tres Potrillos, la viuda de Vicente Fernández confesó que llegó un momento en el que tuvo que poner límites.

“He perdonado muchas cosas por amor, por mis hijos y por mi paz.
Pero hay cosas que no se perdonan… ni aunque pasen los años.”

La frase, pronunciada con voz tranquila pero con mirada firme, encendió las redes sociales. ¿A quiénes se refería?

Doña Cuquita, sin nombrarlos directamente, dejó entrever una lista de cinco personas que —según dijo— la lastimaron profundamente, tanto en vida de su esposo como después de su muerte.


El círculo más cercano

El primer nombre, insinuó, pertenece a alguien muy próximo al entorno familiar, una persona en la que confió ciegamente.

“Le abrí las puertas de mi casa y de mi corazón… y me pagó con traición.”

Aunque no dio nombres, los seguidores de la familia no tardaron en especular. Algunos creen que podría referirse a un colaborador cercano de Vicente Fernández, implicado en decisiones financieras polémicas tras su enfermedad.

“Hay personas que se aprovecharon de nuestra confianza —dijo—. Y eso no se olvida.”


La herida familiar

Los siguientes dos nombres, reconoció, pertenecen a su propio entorno. “A veces la sangre duele más que el veneno del enemigo”, declaró.

Muchos interpretaron sus palabras como una referencia a los conflictos entre sus hijos, especialmente las diferencias entre Vicente Fernández Jr. y Gerardo Fernández por la administración del legado familiar.

“No quiero pleitos. Pero tampoco puedo fingir que no me dolió lo que pasó.”

Doña Cuquita aseguró que, en los meses más difíciles, hubo quienes la dejaron sola. “Cuando Vicente estaba enfermo, algunos desaparecieron. Y cuando murió, reaparecieron para pelear por lo que él construyó.”

Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero su voz no tembló:

“Eso no se perdona. Ni con el tiempo.”


El enemigo silencioso

El cuarto nombre, dijo, no pertenece a la familia, sino a alguien “del medio artístico” que —según sus palabras— “usó la tragedia para hacerse publicidad”.

“Hubo quienes se aprovecharon del dolor ajeno. Hablaban de mi marido sin conocerlo, inventaban cosas solo por salir en televisión.”

Aunque no reveló nombres, los fanáticos recordaron varios programas y periodistas que, durante la hospitalización y muerte del cantante, difundieron rumores sobre conflictos familiares, herencias y presuntas infidelidades.

“A mi edad, ya no me afectan las mentiras —dijo—, pero sí me duele que manchen el nombre de un hombre bueno.”


El quinto y último nombre

Cuando se le preguntó quién era la quinta persona de su lista, Doña Cuquita guardó silencio unos segundos. Miró hacia el retrato de Vicente que cuelga en su sala y respondió con voz pausada:

“El quinto nombre… es el mío.”

Sus palabras dejaron a todos helados. “No me perdono haberme quedado callada tanto tiempo —explicó—. Por amor, por miedo, por no causar problemas. Dejé pasar cosas que no debí permitir. Y hoy lo admito.”

Fue su confesión más humana y poderosa. Porque más allá de rencores ajenos, Doña Cuquita reconoció que su mayor carga era consigo misma.

“El silencio también duele. Yo lo elegí por paz, pero a veces la paz se paga con soledad.”


La reina del rancho

A pesar de todo, Doña Cuquita sigue siendo el corazón del rancho Los Tres Potrillos. Cada rincón de la propiedad conserva la esencia de su marido. Todos los días, a la misma hora, visita el mausoleo donde descansan los restos del Charro de Huentitán.

“Le hablo, como si todavía estuviera aquí. Le cuento lo que pasa, lo que me duele y lo que me da fuerza.”

Su relación con Vicente, incluso después de su partida, sigue siendo su refugio. “Él fue el amor de mi vida —dice—. Pero también el hombre que me enseñó que la vida no siempre es justa.”


“No guardo odio, pero no olvido”

A lo largo de la conversación, Doña Cuquita insistió en que su intención no era generar polémica, sino cerrar ciclos.

“No quiero venganzas. Solo quiero paz. Pero para tener paz, hay que hablar.”

Reconoció que su salud ya no es la misma, pero aseguró que aún tiene la fortaleza suficiente para defender el legado de su esposo. “Yo no dejaré que nadie manche su nombre. Mientras viva, lo cuidaré como siempre lo hice.”


Un mensaje para México

Antes de concluir, envió un mensaje que conmovió al público:

“A las mujeres que han perdonado demasiado: no se sientan culpables.
Amar no significa aguantarlo todo. A veces, el perdón más importante es el que nos damos a nosotras mismas.”

Esa frase fue aplaudida en todo México. Porque en ella, Doña Cuquita no solo hablaba como viuda de una leyenda, sino como mujer, madre y símbolo de fortaleza.


Epílogo

Hoy, a sus 79 años, Doña Cuquita no necesita cámaras, ni fama, ni reconocimiento. Su voz, pausada y sincera, basta para estremecer al país entero.

Ha dejado claro que el perdón no siempre es olvido… y que algunas heridas, aunque se cubran con amor, nunca dejan de doler.

Y mientras el viento sopla entre los campos de Jalisco, su figura sigue erguida, silenciosa, frente al retrato de Vicente. Porque aunque haya nombres que jamás perdonará, hay un amor que nunca morirá.