Confesión inédita: María Sorté habla con el corazón en la mano, revela su mayor temor como madre y explica por qué el trabajo de su hijo la obliga a vivir entre orgullo, fe y constante preocupación.

A lo largo de décadas, María Sorté fue sinónimo de elegancia, talento y fortaleza en la televisión mexicana. Su carrera estuvo marcada por personajes intensos, historias de lucha y mujeres que enfrentaban la adversidad con dignidad. Sin embargo, ninguna de esas historias se compara con la que vive fuera de los reflectores: la de una madre que convive diariamente con el miedo silencioso por la profesión de su hijo.

A los 70 años, María decidió hablar. No como actriz, no como figura pública, sino como madre. Y lo que reveló conmovió profundamente a quienes la escucharon.

Un miedo que nunca se va

En una confesión serena pero cargada de emoción, María Sorté admitió que su mayor miedo no tiene que ver con su carrera ni con el paso del tiempo. Tiene nombre propio y se relaciona directamente con la profesión que eligió su hijo, Omar García Harfuch.

Desde hace años, él ocupa un cargo de alta responsabilidad que implica tomar decisiones complejas, enfrentar riesgos constantes y vivir bajo una presión que pocas personas pueden imaginar. Para María, cada día comienza con una mezcla de orgullo y temor.

“Uno aprende a sonreír hacia afuera, pero por dentro siempre está la preocupación”, confesó.

El orgullo de una madre… y su costo emocional

María fue clara: jamás le pidió a su hijo que eligiera un camino distinto. Al contrario, siempre respetó su vocación y su sentido del deber. Verlo comprometido con su trabajo la llena de orgullo, pero también la enfrenta a una realidad dura: saber que no siempre puede protegerlo.

Ese conflicto interno —orgullo y miedo coexistiendo— es el eje central de su confesión. Un sentimiento constante que no desaparece con los años, sino que se transforma.

Vivir con la preocupación en silencio

Durante mucho tiempo, María Sorté guardó este temor en privado. Evitó hablar públicamente del tema para no aumentar la atención ni generar preocupación innecesaria. Sin embargo, reconoció que el silencio también pesa.

Cada noticia, cada evento público relacionado con la seguridad del país, cada llamada inesperada, activa una alerta emocional que solo una madre puede entender.

“No importa cuántos años tengas, cuando se trata de un hijo, el miedo nunca madura”, dijo con sinceridad.

La fe como refugio

María confesó que encontró en la fe una forma de sostenerse emocionalmente. No como una solución mágica, sino como un ancla diaria. Orar, confiar y soltar lo que no puede controlar se volvió parte de su rutina.

Esa espiritualidad le permitió seguir adelante sin quedar paralizada por el temor. “Si no aprendes a soltar, no puedes vivir”, explicó.

La profesión que nadie desea para un hijo

Sin entrar en detalles técnicos ni situaciones específicas, María fue honesta al describir la profesión de su hijo como una de las más exigentes y emocionalmente complejas. No solo por los riesgos evidentes, sino por la carga psicológica que implica tomar decisiones que afectan a millones de personas.

Como madre, explicó, el mayor miedo no es solo físico, sino emocional: que el peso de la responsabilidad afecte su paz interior.

Un hijo formado con valores

María también habló del hombre que es su hijo fuera del cargo. Lo describió como alguien disciplinado, reservado y profundamente consciente de su responsabilidad. Esa formación, dijo, fue resultado de valores inculcados desde casa: respeto, compromiso y honestidad.

Esa certeza le da tranquilidad, aunque no elimina el miedo.

Reacciones del público

La confesión generó una ola de reacciones. Muchas madres se sintieron identificadas, especialmente aquellas cuyos hijos eligieron profesiones de alto riesgo. El testimonio de María Sorté trascendió el mundo del espectáculo y se convirtió en una reflexión colectiva sobre la maternidad y el miedo.

Lejos del drama, su mensaje fue humano y cercano.

La fortaleza que no se ve

Durante años, María interpretó mujeres fuertes en pantalla. Hoy reconoce que la verdadera fortaleza no siempre es visible. A veces, consiste simplemente en levantarse cada día, sonreír y seguir adelante a pesar del miedo.

Esa fortaleza silenciosa es la que la acompaña en esta etapa de su vida.

Aprender a convivir con el temor

María no habló de vencer el miedo, sino de aprender a convivir con él. Aceptar que forma parte de su vida como madre y que no desaparecerá, pero tampoco la definirá.

“Si el miedo te controla, dejas de vivir. Yo elegí seguir viviendo”, afirmó.

Un mensaje para otras madres

Su confesión cerró con un mensaje poderoso: no sentirse culpables por tener miedo. Amar implica vulnerabilidad. Y reconocer ese miedo no es debilidad, sino honestidad.

María invitó a otras madres a hablar, a compartir y a no cargar solas con esa preocupación constante.

Reflexión final

A los 70 años, María Sorté no reveló un escándalo, sino una verdad profundamente humana: incluso las mujeres más fuertes sienten miedo cuando se trata de sus hijos.

La peligrosa profesión de su hijo no apagó su orgullo, pero sí la obligó a vivir con una alerta permanente. Al compartirlo por primera vez, María no solo habló por ella, sino por miles de madres que aman en silencio, rezan en privado y esperan cada día con el corazón en la mano.