“El veterano actor Jorge Rivero, a los 87 años, rompe su silencio y confiesa qué personas quedarán excluidas de su despedida final: una revelación contundente que abre viejas heridas y genera preguntas.”

El actor mexicano Jorge Rivero, conocido por sus múltiples papeles de galán y luchador en el cine y la televisión, ha alcanzado los 87 años con una declaración que ha dejado al mundo del espectáculo y a sus seguidores conmovidos y sorprendidos: ha anunciado públicamente quiénes no serán bienvenidos a su funeral. Esta confesión tardía, que mezcla dignidad, rencor y decisión personal, revela un rostro humano que pocas veces se muestra en la alfombra roja.


Una vida de éxitos… y sombras

Desde la década de los sesenta, Jorge Rivero ha sido un rostro emblemático del cine mexicano. Con películas icónicas, un rostro imponente y una presencia que traspasó fronteras, construyó una carrera sólida que muchos quieren imitar. Pero más allá de los premios, las portadas y los reflectores, su vida personal ha estado marcada por decisiones difíciles, errores, reconciliaciones y también heridas que ha preferido mantener dentro.

En entrevistas anteriores, se sabía que Rivero tenía relaciones complicadas con algunos círculos de la industria, cierta distancia con viejos colegas, y un temperamento que lo llevaba a ser exigente, incluso implacable. Pero nunca hasta ahora había expuesto públicamente sus límites para despedirse de esta vida.


La confesión que nadie esperaba

Hace unos días, en una entrevista televisiva de más de una hora, Jorge Rivero fue preguntado:

“¿Qué desea para su despedida final?”

La respuesta sorprendió:

“He vivido mucho, he amado, he fallado… pero cuando llegue el momento, quiero que ciertas personas no estén.”

No dio nombres exactos, pero sí aludió a “quienes traicionaron la confianza”, “quienes aprovecharon la fama” y “quienes olvidaron la palabra amigo”.
El tono fue sereno, distinto al tono combativo de sus años más jóvenes.

“No guardo rencor —aclaró—. Solo quiero paz.”

Según fuentes cercanas, el actor habría enviado con anterioridad un documento privado a su familia, donde especifica quienes no deben ser incluidos en los homenajes o ceremonias fúnebres.
Esto incluye tres categorías:

Personas que prometieron lealtad y luego la rompieron.

Personas a quienes considera responsables de que ciertos capítulos de su vida quedaran ocultos o distorsionados.

Aquellos que, pese a su fama común, nunca lo apoyaron en momentos clave.


Impacto en la industria y en sus seguidores

La reacción fue inmediata.
En redes sociales, muchos expresaron respeto por su sinceridad. Comentarios como “prefiero un adiós auténtico que una despedida decorosa” se multiplicaron. Otros, sin embargo, mostraron sorpresa: “Jamás imaginé que Jorge hablaría así”.

Entre sus colegas, algunos halagaron su transparencia.

“En un mundo de pose, él actuó con verdad”, dijo un veterano actor.

Al mismo tiempo, la declaración abrió especulaciones: ¿Quiénes son esos ausentes no deseados? ¿Qué historia oculta se está revelando? Y qué dice esto sobre la soledad del éxito.


¿Por qué ahora?

A los 87 años, Jorge Rivero está en una etapa de reflexión.
En la entrevista admitió que ha vivido con la idea de que “nadie se lleva nada”, y que prefiere decidir cómo será su despedida antes de que otros lo hagan por él.

“La muerte siempre será parte del guion que no ensayamos”, dijo.

Además, reveló que en los últimos años ha dedicado tiempo a reconciliarse con su salud, a cuidar su imagen, a escribir memorias y a limpiar viejos asuntos.

“El cine será eterno, los aplausos también… pero lo que importa es cómo me voy y con quién me quedo en la memoria.”


Un mensaje poderoso

La declaración de Jorge Rivero plantea una reflexión no solo para la farándula, sino para cualquiera que viva bajo la presión de la imagen pública o de las obligaciones sociales.
Puede leerse como un acto de emancipación: decidir quién merece tus últimos momentos, quién conviene que te acompañe, y quién simplemente debe quedarse fuera.

“No se trata de cerrar puertas con odio, se trata de mantener abiertas las que valen la pena”, dijo el actor al final de la entrevista.


Epílogo

Jorge Rivero no está preparando un escándalo, sino una despedida con reglas claras.
La noticia no es morbosa, sino perturbadora por su honestidad.
A los 87 años, no se trata solo de apagar la luz, sino de decidir qué quedará tras ella.

“Quizá algún día me vayan a extrañar… o quizá no. Mi deseo es que me recuerden como fui, no como me impusieron. Y que los que estén conmigo al final sean los que de verdad caminaban a mi lado.”

Y así, el galán veterano cierra un capítulo de su vida con la contundencia de quien sabe que el telón final ya se aproxima, y prefiere que se levante bajo sus propias condiciones.