Más allá del cargo: Mónica Garza conversa sin filtros con Omar García Harfuch y expone emociones, miedos y convicciones del hombre detrás de una de las responsabilidades más observadas del país.

A lo largo de su carrera, Mónica Garza se ha caracterizado por una forma de entrevistar que va más allá de la pregunta directa. No busca el titular fácil ni la declaración rígida; busca a la persona. Por eso, cuando a los 60 años se sentó frente a Omar García Harfuch, el resultado no fue una charla institucional, sino un retrato humano del titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

La conversación sorprendió porque rompió con el molde habitual. No hubo cifras ni discursos extensos. Hubo silencios, reflexiones y respuestas que revelaron a un hombre consciente del peso que carga y de la vida que dejó en pausa para asumir una responsabilidad enorme.

Una entrevista que no parecía entrevista

Desde el primer momento, quedó claro que no se trataba de un intercambio convencional. Mónica Garza, con su estilo sereno y profundo, planteó preguntas que invitaban a la introspección. No preguntó qué cargo ocupaba, sino cómo se vive siendo la cara visible de decisiones que afectan a millones.

Harfuch respondió sin prisa. Su lenguaje corporal hablaba tanto como sus palabras. Por momentos, bajaba la voz; en otros, respiraba hondo antes de contestar. No era un funcionario hablando: era una persona reflexionando.

El hombre detrás del uniforme

Uno de los momentos más impactantes fue cuando habló de su rutina diaria. No describió horarios ni protocolos, sino emociones. Admitió que cada jornada comienza con una revisión interna: recordar por qué está ahí y para quién trabaja.

Reconoció que el cargo exige una fortaleza constante, pero que esa fortaleza no nace de la dureza, sino de la convicción. “Si pierdes la sensibilidad, pierdes el rumbo”, dejó entrever.

La familia como ancla emocional

Mónica Garza tocó un punto clave: la familia. Sin entrar en detalles íntimos, Harfuch habló del apoyo silencioso que recibe y de la preocupación constante de quienes lo rodean. Aceptó que no siempre puede estar presente como quisiera, y que esa ausencia es uno de los costos más difíciles de asumir.

Ese momento cambió el tono de la entrevista. La figura pública dio paso al hijo, al padre, al ser humano que entiende el miedo ajeno porque lo ve reflejado en los suyos.

El peso de las decisiones

Ser titular de la SSPC implica decidir bajo presión. Harfuch explicó que no todas las decisiones son visibles ni comprendidas de inmediato. Algunas requieren paciencia y confianza en procesos largos.

Lo que más llamó la atención fue su énfasis en la responsabilidad moral. “El cargo no te hace mejor que nadie, te hace más responsable”, afirmó, dejando claro que no concibe su posición como un privilegio, sino como una carga consciente.

Mónica Garza y el arte de escuchar

Parte del impacto de la entrevista se debió a la forma en que Mónica Garza condujo la conversación. No interrumpió, no apresuró respuestas. Dejó que los silencios hablaran.

A los 60 años, su experiencia se notó en cada gesto. Supo cuándo insistir y cuándo retroceder. Esa sensibilidad permitió que Harfuch se mostrara sin defensas discursivas.

La vocación antes que la ambición

Uno de los temas centrales fue la vocación. Harfuch habló de su camino profesional no como una escalera de poder, sino como una serie de decisiones encadenadas por el sentido del deber.

Negó que la ambición personal sea el motor principal. Para él, explicó, la motivación nace del compromiso con una tarea que considera necesaria, aunque implique sacrificios personales.

El miedo que no se ve

En un momento particularmente revelador, Mónica Garza preguntó por el miedo. No el miedo abstracto, sino el cotidiano. Harfuch no lo negó. Admitió que existe, pero que aprendió a gestionarlo.

“El miedo te mantiene alerta”, dijo. “Si desaparece, te equivocas”. Esa frase resonó como una confesión honesta en un entorno donde la invulnerabilidad suele ser la norma.

La humanidad como estrategia

Lejos de mostrarse distante, Harfuch defendió la empatía como una herramienta clave. Para él, comprender las realidades humanas es fundamental para tomar decisiones justas.

Esa visión contrastó con la imagen rígida que muchos tenían. La entrevista permitió ver a un funcionario que no se desconecta emocionalmente, sino que intenta equilibrar razón y sensibilidad.

Reacciones inmediatas

Tras la difusión de la entrevista, las reacciones no se hicieron esperar. Muchos destacaron el cambio de tono y la profundidad del diálogo. Otros señalaron que fue la primera vez que vieron a Harfuch hablar desde un lugar tan personal.

Mónica Garza fue ampliamente reconocida por lograr una conversación que trascendió la coyuntura y se convirtió en un retrato humano.

Un mensaje implícito

Más allá de lo dicho, la entrevista dejó un mensaje claro: detrás de los cargos hay personas. Personas que sienten, dudan y reflexionan. Humanizar no debilita; fortalece la comprensión pública.

Ese enfoque fue, quizás, el mayor logro de la conversación.

El valor de la madurez periodística

A los 60 años, Mónica Garza demostró que la experiencia no solo se mide en años, sino en profundidad. Su capacidad para generar confianza fue clave para acceder a una faceta poco conocida del entrevistado.

No buscó confrontación, buscó verdad. Y esa elección marcó la diferencia.

Mirando hacia adelante

Harfuch no habló de futuro político ni de aspiraciones personales. Habló de continuidad, de trabajo constante y de la necesidad de mantener los pies en la tierra.

Esa sobriedad cerró la entrevista con coherencia, dejando claro que, para él, el protagonismo no es la meta.

Reflexión final

La entrevista entre Mónica Garza y Omar García Harfuch no fue solo un encuentro entre periodista y funcionario. Fue un ejercicio de humanidad en un contexto donde suele faltar.

A los 60 años, Mónica Garza recordó por qué el periodismo profundo sigue siendo necesario. Y Harfuch, al mostrarse sin armaduras, confirmó que incluso los cargos más exigentes están ocupados por personas que sienten, piensan y cargan responsabilidades con conciencia.