“Nos elegimos cada día”: los hermanos Galán conmueven al público al confesar lo que pocos sabían sobre su historia, la soledad detrás del éxito y el amor fraternal que ha convertido a Pimpinela en un símbolo de unión y resistencia.

Han pasado más de 40 años desde que Lucía y Joaquín Galán, conocidos artísticamente como Pimpinela, subieron por primera vez a un escenario.
Desde aquel momento, su estilo inconfundible —mezcla de drama, humor, ternura y verdad— los convirtió en una de las duplas más queridas del mundo de la música.

Pero esta vez, a sus 72 años, los hermanos argentinos sorprendieron al público con una confesión cargada de emoción y honestidad.
Durante una entrevista especial, hablaron como nunca antes sobre la fama, el paso del tiempo, la familia y la increíble historia que los mantiene unidos más allá del escenario.

“No somos eternos en el escenario, pero sí en el corazón de la gente”, dijo Lucía con una sonrisa que escondía lágrimas.


🌹 UNA HISTORIA QUE NACIÓ DEL AMOR Y LA NECESIDAD

Todo comenzó a principios de los años 80.
Lucía y Joaquín, criados en una familia de inmigrantes españoles en Buenos Aires, encontraron en la música una forma de expresarse, pero también de sanar.
No imaginaban que aquellas canciones escritas entre casa y estudio se convertirían en himnos de una generación.

“No teníamos grandes planes. Solo queríamos cantar, divertirnos y, de alguna manera, contar las historias que veíamos a nuestro alrededor”, recuerda Joaquín.

El éxito llegó rápido. Olvídame y pega la vuelta, A esa, Valiente… cada tema se convirtió en un clásico.
Y con ellos, nació el mito: ¿cómo podían dos hermanos cantar con tanta pasión sobre amores imposibles y desengaños?

“Era un juego entre nosotros. Joaquín me decía: ‘Vamos a pelear en una canción’, y la gente se identificó. Lo que empezó como una broma se transformó en nuestra vida”, explicó Lucía.


💔 DETRÁS DEL ÉXITO, EL CANSANCIO

A pesar de la fama y los aplausos, los hermanos Galán reconocen que hubo momentos en que el éxito pesó demasiado.
Viajes interminables, giras de meses y la presión de mantener viva la magia del dúo los llevó a enfrentar sus propias sombras.

“Hubo momentos en los que nos preguntábamos si valía la pena seguir. El cansancio era emocional, no físico”, confesó Joaquín.
“Pero cada vez que salíamos al escenario y escuchábamos al público cantar con nosotros, recordábamos por qué lo hacíamos.”

Lucía, conmovida, agregó:

“La gente nos veía sonrientes, pero no siempre era fácil. Nos tocó despedir a seres queridos, enfermarnos en gira, y aun así salir a cantar. Eso te enseña que la música también es una forma de resistencia.”


💫 LA FAMA, UN REGALO Y UNA PRUEBA

En la entrevista, los artistas fueron sinceros sobre los altibajos de la fama.
Aunque agradecen el cariño del público, admiten que la exposición constante les robó parte de su vida personal.

“La fama te da mucho, pero también te quita. Aprendimos a protegernos. Hubo momentos en que no teníamos ni un minuto para ser simplemente Lucía y Joaquín, los hermanos, no los artistas.”

Aun así, aseguran que no cambiarían nada.

“Cada sacrificio valió la pena. Cuando alguien te dice que una canción tuya lo ayudó a superar una pérdida o a tomar una decisión, entiendes que la música trasciende todo”, reflexionó Joaquín.


🌻 “NOS HEMOS PELEADO, PERO NUNCA NOS HEMOS DEJADO”

La sinceridad de los hermanos conmovió al público, especialmente cuando hablaron de las discusiones y diferencias que inevitablemente surgen tras décadas de trabajo conjunto.

“Nos hemos peleado mucho, como cualquier familia”, dijo Lucía riendo.
“Pero nunca nos hemos dejado. Sabemos que el uno sin el otro no existe en el escenario. Somos el equilibrio perfecto entre el fuego y el agua.”

Joaquín agregó:

“A veces, después de una pelea, subíamos a cantar y, en el medio de la canción, se nos pasaba todo. Porque ahí recordábamos lo esencial: que somos hermanos antes que artistas.”

Ese amor fraternal, forjado en las buenas y en las malas, ha sido la base de su permanencia.

“Nos elegimos todos los días, incluso cuando no nos entendemos. Eso es lo que mantiene vivo a Pimpinela.”


🎵 LA CANCIÓN QUE CAMBIÓ SUS VIDAS

Entre las anécdotas más emocionantes, los hermanos recordaron el día en que grabaron Olvídame y pega la vuelta, la canción que los llevó a la fama internacional.
Lucía se emocionó al recordar aquel momento.

“No sabíamos lo que estábamos creando. Fue una canción escrita en una tarde, entre risas y lágrimas. Pero tenía algo… una verdad que conectó con todos.”

Joaquín asintió:

“Creo que todos hemos vivido ese dolor. Por eso la gente la hizo suya. Y nosotros, cada vez que la cantamos, sentimos que volvemos a empezar.”


🌠 EL PASO DEL TIEMPO

A sus 72 años, Lucía y Joaquín dicen que ya no tienen prisa.
Han aprendido a disfrutar cada concierto, cada encuentro con el público y cada minuto compartido.

“Antes queríamos hacerlo todo, llegar a todos lados. Hoy solo queremos estar presentes y cantar con el alma. El tiempo enseña que la vida es eso: estar.”

Lucía, con una mirada serena, añadió:

“El paso de los años no me asusta. Me da orgullo mirar atrás y ver todo lo que logramos sin perder la esencia. Envejecer es un privilegio que muchos no tienen.”


🕊️ UN HOMENAJE A LA VIDA Y A LA FAMILIA

Durante la conversación, también recordaron a sus padres, quienes fueron su mayor inspiración y apoyo.

“Nuestra madre fue la primera que creyó en nosotros. Nos ayudaba con los vestuarios, nos acompañaba a los ensayos… sin ella, nada de esto habría sido posible.”

Joaquín, visiblemente emocionado, confesó:

“Hay días en los que miro al cielo antes de subir al escenario y le digo: ‘Gracias, mamá’. Siento que sigue ahí, aplaudiendo.”

Esa conexión familiar sigue siendo el motor de su arte.

“Pimpinela no existiría sin amor. Y el amor más grande que conocemos es el de la familia.”


🌹 CUANDO EL ESCENARIO SE CONVIERTE EN CASA

A lo largo de su carrera, los hermanos han recorrido más de 30 países y ofrecido miles de conciertos.
Pero si algo tienen claro es que el verdadero hogar no está en los hoteles o los teatros, sino en la complicidad que los une.

“Hemos pasado cumpleaños, navidades y años nuevos trabajando. Pero mientras estemos juntos, nos sentimos en casa”, contó Lucía.

“El escenario se convirtió en nuestro refugio. Ahí hemos reído, llorado y hasta sanado heridas que fuera del show no sabíamos cómo curar”, añadió Joaquín.


💬 LA REVELACIÓN QUE HIZO LLORAR A SUS FANS

El momento más conmovedor de la entrevista llegó cuando Joaquín, con voz quebrada, compartió una reflexión que hizo llorar a los asistentes:

“Si mañana fuera nuestro último concierto, me iría tranquilo. Porque sé que lo dimos todo. Y sé que, en cada canción, dejamos un pedacito de nuestra alma.”

Lucía, con lágrimas en los ojos, lo tomó de la mano y dijo:

“No sé cuánto tiempo más estaremos en el escenario, pero mientras tengamos voz y corazón, Pimpinela seguirá cantando.”

El público que presenciaba la entrevista se puso de pie para aplaudir.
Fue un momento de pura emoción, donde los aplausos sonaron más como abrazos que como ruido.


🌟 EL LEGADO DE PIMPINELA

Más allá de los éxitos, los discos de oro o los premios, Lucía y Joaquín saben que su mayor logro es haber sido parte de la vida de tantas personas.

“Hay gente que nos dice: ‘Su música me acompañó en mi infancia’, o ‘mi abuela los escuchaba conmigo’. Eso no tiene precio”, confesó Lucía.

Joaquín agregó:

“Nos emociona ver que niños de 10 años cantan nuestras canciones. Es la prueba de que el amor no pasa de moda.”


✨ EL FUTURO

Al hablar del futuro, los hermanos se mostraron tranquilos y agradecidos.

“No tenemos nada que demostrar. Solo queremos seguir disfrutando del escenario y del cariño de la gente. Mientras haya quien quiera escucharnos, ahí estaremos.”

Y aunque no planean retirarse del todo, dejaron claro que quieren hacerlo a su ritmo, sin presiones.

“Ya no queremos correr. Queremos cantar despacio, mirar al público y agradecer. Porque al final, Pimpinela no es un nombre artístico: es nuestra forma de vivir.”


💞 EPÍLOGO

Después de tantos años, Pimpinela sigue siendo más que un dúo musical: es una historia de amor fraternal, de resiliencia y de verdad.
Su revelación no fue un escándalo ni una sorpresa: fue una lección.

“La fama se va, los aplausos se apagan, pero lo que queda es el amor que diste. Y en eso, somos millonarios”, concluyó Joaquín con una sonrisa.

Lucía lo miró y dijo:

“Mientras sigamos cantando juntos, todo habrá valido la pena.”

Y así, entre risas, lágrimas y gratitud, los hermanos Galán demostraron una vez más que el secreto de Pimpinela no está en sus canciones, sino en su corazón.

Porque el tiempo puede pasar, pero cuando el amor es verdadero —como el de ellos— ni la fama ni los años logran apagarlo.