Maribel Fernández rompe el silencio y revela cinco traiciones

A los 72 años, la actriz y comediante Maribel Fernández, conocida por generaciones como “La Pelangocha”, ha decidido hablar sin filtros.
La mujer que hizo reír a millones con su carisma, su picardía y su talento, sorprendió al público al revelar lo que durante décadas calló: los nombres —o las heridas— de cinco personas que jamás podrá perdonar.

“He pasado toda mi vida haciendo reír. Pero no todo ha sido risa. También he llorado más de lo que la gente imagina.”

La entrevista, grabada en su casa, fue una mezcla de humor, nostalgia y crudeza. Porque si algo caracteriza a Maribel Fernández, es que dice la verdad, aunque duela.


La mujer detrás del personaje

Detrás del personaje divertido y atrevido que marcó la televisión mexicana, existe una mujer que ha vivido de todo: fama, amor, decepciones, traiciones y pérdidas.

“La gente me ve alegre, pero no saben lo que me ha tocado aguantar para seguir de pie.”

Desde sus inicios en el cine de los setenta hasta su paso por programas de comedia, Maribel Fernández fue pionera en un mundo dominado por hombres.

“Tuve que aprender a defenderme sola. Nadie me regaló nada. Pero cuando eres mujer y dices lo que piensas, te tachan de problemática.”

Durante la entrevista, su voz, cargada de experiencia, oscilaba entre la risa y el desahogo.


Lo que todos sospechaban

Durante años, se habló de conflictos, decepciones y enemistades dentro del medio artístico.
Hoy, Maribel lo confirma con una sinceridad desconcertante.

“Sí, tuve problemas con gente que quise, con compañeros, con amigos, con familia. A veces el precio de ser auténtica es quedarte sola.”

Reconoce que su carácter fuerte fue su escudo, pero también su cruz.

“He perdido muchas cosas por decir lo que pienso. Pero si me callara, no sería yo.”


Las cinco personas que no perdona

Sin titubear, Maribel habló de cinco personas que dejaron cicatrices imposibles de borrar.

“El primero fue un hombre al que amé con todo el corazón.”
“Me prometió respeto y me pagó con engaños. No fue solo infidelidad, fue humillación. No se trata de despecho, sino de dignidad.”

“La segunda fue una amiga.”
“Me abrazaba frente a todos y me traicionaba a escondidas. Usó mis secretos como chismes para subir en el medio. Eso no se perdona.”

“El tercero fue un productor famoso.”
“Me cerró puertas por decirle ‘no’. En ese entonces, decir ‘no’ tenía consecuencias graves. Pero no me arrepiento. Prefiero dormir tranquila que famosa.”

“La cuarta fue alguien de mi propia familia.”
“A veces el dolor más grande viene de casa. Me juzgó, me hizo sentir menos, me dio la espalda cuando más la necesitaba.”

“Y la quinta… fui yo.”
“Por haber aguantado tanto. Por no haberme ido antes. Por haberle dado poder a quien no lo merecía.”

Después de enumerarlas, suspiró profundamente.

“No las odio. Pero no las perdono. Porque hay heridas que si las cubres, se infectan.”


Entre risas y cicatrices

A pesar de sus confesiones, Maribel no pierde el sentido del humor.

“El dolor me enseñó a reírme más fuerte. Porque si no me río, me muero de tristeza.”

Cuenta que durante años convirtió sus tragedias en comedia. “La gente se reía sin saber que muchas de mis bromas salían de mi propio dolor.”

Y, aunque reconoce haber cometido errores, no se victimiza.

“También lastimé a gente sin querer. Pero siempre fui de frente. Nunca fui hipócrita, y eso en este medio cuesta caro.”


La fama y la soledad

Maribel Fernández asegura que el éxito fue un arma de doble filo.

“El público me dio todo, pero la fama te roba privacidad, amigos y paz. Te vuelves un personaje hasta en tu casa.”

Contó que hubo momentos en los que se sintió incomprendida.

“Decían que era vulgar, que era escandalosa. Pero yo solo era libre. Y ser libre siempre molesta.”

A sus 72 años, no se arrepiente de su historia. “Fui feliz, fui infeliz, pero siempre fui yo. No me vendí, y eso no tiene precio.”


El perdón que no llega

La periodista le preguntó si con los años había intentado reconciliarse con alguno de esos nombres que mencionó.
Maribel fue contundente.

“No. Porque el perdón no siempre sana. A veces solo borra la lección.”

Explicó que su decisión no viene del rencor, sino de la experiencia.

“Perdonar no es olvidar. Es recordar sin que te duela. Pero hay cosas que aún duelen, y prefiero no mentirme.”

Dijo que no espera disculpas ni busca redención. “Ya no necesito que me pidan perdón. Lo único que quiero es paz.”


El público reacciona

En cuestión de horas, sus declaraciones se hicieron virales.
El hashtag #MaribelHabla se convirtió en tendencia nacional.
Miles de seguidores y colegas la aplaudieron por su valentía.

Una fan escribió: “Maribel Fernández no solo hizo historia en la comedia, también nos enseña que la honestidad no tiene edad.”
Otra comentó: “Decir ‘no perdono’ no te hace mala. Te hace real.”

Incluso jóvenes comediantes la mencionaron como inspiración.
Una actriz publicó: “Gracias, Maribel, por abrir camino y por recordarnos que no hay que callarse para gustar.”


Entre la nostalgia y la libertad

Lejos de mostrarse rencorosa, Maribel se siente más libre que nunca.

“A mi edad, no tengo ganas de fingir. Me quedo con la gente buena, la que no me pide que sea otra.”

Dice que hoy valora las pequeñas cosas: su familia, sus perros, sus amigos verdaderos. “Aprendí que el amor no se mide en palabras, sino en presencia.”

Y sobre su legado, añade:

“No quiero que me recuerden solo por mis personajes. Quiero que me recuerden como una mujer que dijo su verdad sin miedo.”


La frase que conmovió a todos

Al final de la entrevista, cuando le preguntaron si el tiempo suaviza las heridas, Maribel respondió con una sonrisa triste:

“El tiempo no cura. Solo te enseña a vivir con las cicatrices.”

Y concluyó con una frase que se volvió viral:

“A mis 72 años no necesito perdonar para estar en paz. Necesito quererme para no volver a sufrir.”


Epílogo: la risa como escudo

Hoy, Maribel Fernández sigue siendo un ícono.
No por los escándalos, ni por las risas, sino por su autenticidad.

“He tenido una vida de comedia, pero mi alma también lloró. Lo importante es que después de cada caída, supe levantarme.”

A los 72 años, la mujer que rompió moldes en la televisión mexicana nos deja su lección más poderosa:
que el perdón no siempre es necesario… y que la libertad empieza cuando dejas de pedir disculpas por ser quien eres.